
Casas chorizo: la memoria arquitectónica convertida en oportunidad inmobiliaria
La casa chorizo es una de las tipologías residenciales más reconocibles de la Argentina urbana. Su desarrollo estuvo ligado al proceso de consolidación de las ciudades entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, cuando la necesidad de viviendas económicas y adaptables se combinó con lotes angostos y profundos.
Su esquema lineal, organizado en torno a un patio lateral, permitió una ocupación eficiente del suelo y una relación directa entre interior y exterior.
La abundancia de casas chorizo responde tanto a su eficacia constructiva como a su capacidad de adaptación. A lo largo del tiempo, esta tipología admitió ampliaciones, cambios de programa y nuevas formas de habitar sin perder su estructura esencial. Esa flexibilidad explica su permanencia y su vigencia actual en procesos de refuncionalización, reciclaje y puesta en valor patrimonial.
Ignacio Szulman es arquitecto y fundador de su estudio homónimo, con más de 16 años de trayectoria en arquitectura, desarrollo inmobiliario y calidad constructiva. Su práctica abarca viviendas individuales y multifamiliares, reformas de PH y casas, siempre con una mirada atenta sobre la historia y el contexto construido.
Según su propia definición, el eje conceptual de su obra es claro: “Lo que enlaza nuestros proyectos es la relación con la historia, la búsqueda de una arquitectura contemporánea que mire hacia adelante pero también lo que tenemos alrededor”.
Para Szulman, intervenir una casa chorizo implica construir una arquitectura que sea propia y adecuada para nuestro lugar, donde el pasado no es un obstáculo, sino un punto de partida.
Desde esa perspectiva, trabajar sobre preexistencias se vuelve un acto proyectual consciente. El arquitecto señala que “trabajamos sobre las preexistencias para activar la memoria del lugar, traer el pasado al presente”, una operación que oscila entre conservar y transformar.
En ese equilibrio, “conservamos las huellas para encapsular la memoria impregnada”, generando tensiones productivas entre lo original y lo nuevo.
Szulman destaca que la lógica espacial de la casa chorizo explica gran parte de su valor. “La belleza de la casa chorizo radica precisamente en que se remonta a algo muy lejano, tan simple como una habitación”, explica, y agrega que “se conforma por una serie de habitaciones que se van agregando en línea a lo largo de un patio lateral al cual ventilan”.
Sus raíces, sostiene, llegan hasta la casa con patio romana, reinterpretada según clima, región y época.
“El objetivo era transformar el significado de lo clásico en uno propio”, una operación que no busca volver al origen, sino proyectar desde él.
Por eso afirma que “hablar de restauración de una casa chorizo resulta complejo”, ya que hoy solo es posible “hablar de transformación de lo preexistente” para otorgarle una segunda vida. En ese proceso, “los ladrillos hablan” y permiten que “nuevos ladrillos puedan convivir con los viejos”.
ILUSTRO PARA NO OLVIDAR
Natalia Kerbabian es arquitecta graduada en la Universidad de Buenos Aires e ilustradora. Es la creadora del proyecto “Ilustro para no olvidar”, un registro gráfico que busca rescatar la memoria de la identidad arquitectónica rioplatense a través del dibujo.
Su vínculo con la arquitectura ilustrada surge de manera temprana. “Mi interés por ilustrar arquitectura fue natural y orgánico desde que era muy chica”, relata, y aclara que “no fue una decisión que tomé un día”. En su trabajo conviven diversas tipologías influenciadas por múltiples tradiciones culturales.
Kerbabian explica que la arquitectura local es producto de una fuerte convivencia multicultural. “Nunca son copias”, señala, sino piezas “pensadas en Buenos Aires afectadas por la convivencia multicultural dada por las olas migratorias”. Esa superposición de orígenes construye una identidad propia que hoy se encuentra en riesgo.
El punto de inflexión de su proyecto fue personal y urbano. En referencia a la demolición de una esquina emblemática, cuenta: “Necesité ilustrar esa esquina, reivindicarla para volver a verla como ciudadana”.
Para ella, “ilustrar es una forma de ilustrar la historia”, una manera de unir “tiempos, culturas, historias y vidas” frente a “esta última etapa de demoliciones” que amenaza con borrar las huellas del pasado.
NO SÓLO UNA TIPOLOGÍA PORTEÑA
Gonzalo Manuelle es arquitecto egresado de la Universidad de La Plata y asesor inmobiliario. Forma parte del estudio Khora, donde trabajan con familias interesadas en proyectar, transformar o comercializar las casas que habitan, combinando mirada arquitectónica y análisis del mercado.
En La Plata, la casa chorizo adquiere particularidades propias. Manuelle subraya la importancia de la imagen urbana al afirmar que “la idea de fachada telón en La Plata es muy importante”, no solo como elemento estético, sino como valor colectivo. En ese marco, sostiene que “restaurar, reformar o demoler pueden ser elecciones válidas si se adoptan los criterios adecuados”.
“El foco estará puesto en no olvidarse del pasado a la hora de construir un futuro”, señala, y remarca que “para cuidar esto, hay que cuidar cada una de esas propiedades que hacen a la colectividad urbana”. Esa conciencia patrimonial distingue al casco platense frente a otros mercados.
Desde lo inmobiliario, Manuelle observa una revalorización sostenida de esta tipología. “Es un negocio inmobiliario rentable y amigable con la protección”, afirma, y destaca que “2026 es el año de las casas chorizo”.
Según su análisis, la clave está en revalorizarlas y visualizarlas para conectar con ese comprador sensible, en una ciudad donde “el negocio inmobiliario no está por encima de las estructuras que hay”.
Fuente: Saia Stefanazzi Marticorena
Link Original: https://www.clarin.com/arq/arquitectura/casas-chorizo-memoria-arquitectonica-convertida-oportunidad-inmobiliaria_0_Vtuvpp1YFW.html



