Alan Faena y su plan para que Nueva York vuelva a ser la ciudad que nunca duerme
La ciudad fue elegida para desarrollar el tercer proyecto del argentino que, después de transformar Buenos Aires, desembarcó en Miami, eternamente vestido de blanco.
* 9 de marzo de 2026
* 17:14
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Alan Faena quiere que Nueva York vuelva a ser la ciudad que nunca duerme. Al parecer, tras la pandemia, los neoyorquinos han claudicado, cenan y se van a la cama pronto. Nuevos hábitos que Faena busca hackear con un hotel maximalista y dramático en West Chelsea, donde un bar clandestino que está por abrir y un teatro de variedades recordarán a los locales la ciudad que aún tienen entre manos.
Sonaría pretencioso si no fuera porque Alan Faena es un mago de las ciudades y las voluntades. Su primer experimento comenzó en medio de la crisis de 2001 en Argentina, en Puerto Madero, la exzona portuaria en ruinas de Buenos Aires. Venía de vender su marca de ropa, Via Vai, y de superar un trance: cuatro años cultivando rosas en su casa de Uruguay.
Nacido en una familia de emigrantes sirios y con un apellido judío sefardí, podía salir cualquier cosa de ese ritual purificador. Salió una idea: levantar un proyecto residencial de lujo y conquistar a los talentos más caros del mundo, como Philippe Starck y Norman Foster.
Faena y sus socios transformaron Puerto Madero en una de las zonas residenciales más deseadas de la ciudad en 20 años. La siguiente parada fue Mid Beach en 2015, donde se creó el Faena District Miami, un distrito cultural que se ha convertido en el epicentro de las mejores fiestas de Art Basel. “Nadie creía en este proyecto, solo nosotros”, afirma Faena. “Hemos ayudado a elevar Miami, somos parte del cambio de percepción de la ciudad”, continúa.
A Nueva York no hay que elevarla, pero Faena se planta allí, entre la High Line y la calle West 18th, con ambición y modus operandi similares. Esta vez se ha asociado con Accor, con quien se construirán hasta 20 hoteles Faena alrededor del mundo. Madrid podría tener uno de ellos: “Es una de nuestras prioridades”.
El Faena New York abrió en septiembre de 2025, presumido de pieles, damascos, oropeles y mucho color en medio de la sobriedad industrial de la zona de galerías de Manhattan. Allí ha plantado Faena su universo de cábalas, huevos cósmicos y cristales mágicos. El universo simbólico y visual de Faena está en todos lados, incluso debajo de las almohadas, donde los visitantes pueden encontrar un naipe antes de dormir.
“West Chelsea es un lugar tranquilo donde todo está por suceder”, dice Faena. El mural de la recepción ha sido encargado al muralista Diego Gravinese, mientras que en la segunda planta hay un mural amarillo neón de Keith Haring que evoca la Nueva York de los 80.
“El lujo es una palabra devaluada”, reflexiona Faena. “Está agotado y solo se performa. Me deja frío. Faena es el futuro del lujo porque tenemos la voz de la emoción y la sorpresa a través de la luz y los colores.”
¿La llegada de Zohran Mamdani a la Alcaldía de Nueva York afectará a este tipo de inversiones? Faena responde: “Nuestro proyecto es una visión de 20 y 30 años.” Quiere estar en una ciudad libre y ser parte del mito de Frank Sinatra: “Si puedo hacerlo allí, lo lograré en cualquier lugar”.
“Más que un hotel de lujo, Faena es un proyecto cultural”, afirma. Con el tiempo, se convertirá en un complejo de restaurantes y locales de ocio, similar al distrito cultural Faena de Miami.
“No me guía el dinero”, asegura Faena. “Sigo mi intuición y el dinero puede venir o no. Siempre he corrido riesgos.” Su confianza se basa en que, aunque fue un niño tímido, siempre estuvo convencido de lo que quería hacer.
“Intento conocer al dedillo cada ciudad antes de abrir un hotel. Pero la cautela no es un límite, me ayuda a entender mejor el mundo.” Faena trabaja con pasión: “Hacer lo que hago es mi hobby”.
Fuente: Karelia Vázquez
Link Original: La Nación



