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Ganar más y tener trabajo no alcanza para tener casa propia: el dato que rompe un prejuicio sobre el alquiler en la Argentina
“Quienes alquilan lo hacen porque no pueden ser propietarios”. Esa es una de las ideas más instaladas en el mercado inmobiliario argentino, donde tener una vivienda propia suele considerarse sinónimo de estabilidad económica, mientras que ser inquilino se asocia con una situación de mayor vulnerabilidad. Aunque para muchos hogares el alquiler responde a la imposibilidad de acceder a una propiedad, los datos muestran una realidad bastante más compleja.
No solo quienes alquilan no necesariamente tienen menos ingresos que los propietarios, sino que en las zonas del país con mayor nivel educativo hay una proporción más alta de inquilinos. De acuerdo al último Monitor de Asequibilidad de la Vivienda, elaborado por el Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda en Argentina (OFAVA), correspondiente a octubre de 2026, se analiza cómo acceden los hogares argentinos a la vivienda y se encuentra una relación que impacta de lleno en una de las creencias más arraigadas en el mercado: las ciudades con mejores ingresos, mayores niveles de escolaridad y más oportunidades laborales tienden a concentrar también una mayor cantidad de inquilinos y menos propietarios.
Según el relevamiento, cada año adicional de escolaridad promedio se asocia con una caída de entre cuatro y cinco puntos porcentuales en la proporción de propietarios y un aumento de relevancia similar en la de inquilinos.
La relación entre educación y alquileres en Argentina
De acuerdo al relevamiento, que utiliza datos del último Censo y los años promedio de escolaridad de las personas de 25 años o más en cada departamento del país, en donde la población tiene menos de ocho años de escolaridad promedio, la proporción de propietarios supera, en la mayoría de los casos, el 75% de los hogares, mientras que los inquilinos generalmente representan menos del 10%.
Mientras que, en el extremo opuesto, en las zonas donde la población acumula más de 13 años de escolaridad promedio, el porcentaje de propietarios se ubica entre el 45% y el 60%, y los inquilinos representan entre el 30% y el 40% de los hogares. Incluso, en algunos departamentos, la proporción de quienes alquilan se acerca a la mitad.
“El resultado refuerza el argumento: los departamentos con población más educada tienen, en promedio, una menor proporción de hogares propietarios y una mayor proporción de hogares inquilinos”.
¿Por qué ocurre esto? Según el informe, los departamentos con mayor escolaridad suelen coincidir con las capitales provinciales y los grandes centros urbanos, donde se concentran las mejores oportunidades laborales y los mayores ingresos. Esto atrae a personas que llegan para estudiar y/o trabajar y, para muchos de esos hogares, especialmente durante los primeros años, el alquiler representa la forma más inmediata de acceder a una vivienda.
En cambio, en los departamentos con menor nivel educativo, principalmente en el norte del país y en las zonas rurales, la elevada proporción de propietarios está más relacionada con la transmisión hereditaria de las viviendas, la autoconstrucción y la falta de un mercado de alquileres desarrollado.
Las grandes ciudades tienen más inquilinos
A nivel nacional, la Argentina continúa siendo un país mayoritariamente propietario: el 68% de los hogares tiene vivienda propia y el 20% alquila. Sin embargo, esa composición cambia considerablemente según la provincia.
En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, uno de cada tres hogares alquila. Se trata de uno de los mercados de alquileres más desarrollados del país, donde conviven jóvenes que se independizan, familias y profesionales que llegan a la ciudad por motivos laborales. En estos mercados consolidados, el alquiler funciona como una alternativa habitual de acceso a la vivienda y reúne hogares de diferentes niveles socioeconómicos.
En contraste, en Santiago del Estero y Chaco, apenas el 9% de los hogares alquilan, mientras que en Catamarca la proporción alcanza el 10%. Son provincias donde el mercado locativo es mucho más reducido y el alquiler puede quedar concentrado en un grupo más acotado de hogares de ingresos relativamente altos.
De hecho, en Santiago del Estero, los inquilinos tienen un ingreso per cápita familiar un 120% superior al de los propietarios.
Alquilar no es sinónimo de menores ingresos
Según el relevamiento, el ingreso total familiar promedio de los hogares inquilinos alcanza los $2,9 millones, mientras que entre los propietarios es de $2,6 millones. Además, los hogares propietarios tienen, en promedio, tres integrantes, mientras que los inquilinos cuentan con 2,5. Por lo tanto, al dividir los ingresos entre sus miembros, la ventaja económica de los inquilinos se amplía. En concreto, el ingreso per cápita familiar de quienes alquilan alcanza los $1,3 millones, un 34% más que los $983.000 registrados entre los propietarios.
Esta relación varía según la edad: entre los hogares con jefes de 25 a 34 años, los inquilinos registran ingresos familiares promedio de $2,8 millones, frente a los $2,1 millones de los propietarios.
Tener más propietarios no significa tener mejores viviendas
Uno de los puntos más interesantes del informe es que cuestiona otra asociación habitual: la idea de que las ciudades con mayor proporción de propietarios necesariamente tienen mejores condiciones habitacionales. En muchos casos, ocurre lo contrario.
Formosa, por ejemplo, tiene una de las tasas de propiedad más altas del país: el 86% de los hogares es dueño de su vivienda. Sin embargo, registra un déficit habitacional superior al 50%.
En el extremo opuesto aparece Santa Cruz, donde apenas el 53% de los hogares es propietario, pero el déficit habitacional afecta a algo más de una cuarta parte de los hogares.
Esto responde a que, en gran parte del norte argentino, muchas familias son dueñas del lugar donde viven, pero no necesariamente cuentan con los recursos para ampliarlo, mejorarlo o mudarse a una vivienda que se adapte a sus necesidades.
Un mercado de alquileres más desarrollado, ¿puede ser parte de la solución?
El desarrollo del mercado de alquileres puede desempeñar un papel importante en el funcionamiento de las ciudades y en las posibilidades de acceso a la vivienda. Cuando existe una oferta de alquileres suficientemente amplia, las familias no dependen exclusivamente de la compra, la herencia o la autoconstrucción para resolver dónde vivir.
Esto permite que los jóvenes se independicen, que los trabajadores se trasladen hacia ciudades con mejores oportunidades y que las personas puedan cambiar de vivienda de acuerdo con las necesidades de cada etapa de su vida.
La importancia de contar con alternativas es todavía mayor en un país donde el financiamiento para acceder a una propiedad continúa siendo limitado. Según los datos recuperados por el informe de la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares 2017/2018, apenas el 14% de los hogares había obtenido alguna vez financiamiento para comprar, refaccionar, ampliar o mejorar su vivienda.
En resumen, la discusión no pasa únicamente por cuántos argentinos son propietarios y cuántos alquilan, sino por las posibilidades reales que tienen los hogares de elegir dónde y cómo vivir.
Fuente: Candela Contreras
Link Original: https://www.lanacion.com.ar/propiedades/casas-y-departamentos/ganar-mas-y-tener-trabajo-no-alcanza-para-tener-casa-propia-el-dato-que-rompe-un-prejuicio-sobre-el-nid14102026/
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