
La instalación eléctrica de casa también envejece: señales de peligro, controles y errores que conviene detectar a tiempo
La infraestructura de una vivienda puede haber sido diseñada hace 15 o 20 años, cuando las necesidades de consumo eran diferentes.
29 de septiembre de 2026
18:02
3 minutos de lectura
Fernando Zysman
El apagón del sábado pasado, que dejó sin luz a unos 600.000 usuarios en el AMBA, volvió a poner el foco en un tema del que en general se habla poco: qué tan preparada está la infraestructura eléctrica para sostener la demanda actual. Ese corte en particular respondió a una falla en la red de distribución, ajena a las viviendas. Pero el episodio también permite hacerse una pregunta puertas adentro: ¿la instalación eléctrica de nuestra casa está preparada para el consumo de hoy?
En los últimos años cambió la forma en que usamos la electricidad en el hogar. Aires acondicionados, computadoras, televisores, hornos eléctricos, pavas, lavarropas y otros equipos forman parte de la vida cotidiana y, muchas veces, funcionan al mismo tiempo. Sin embargo, la instalación eléctrica de una vivienda puede haber sido diseñada hace 15 o 20 años, cuando las necesidades de consumo eran diferentes.
Por eso, una instalación no necesariamente queda desactualizada por el simple paso del tiempo. El problema aparece cuando el consumo crece y la infraestructura no acompaña ese cambio. Una vivienda puede incorporar nuevos equipos durante años sin que nadie se detenga a revisar si el sistema eléctrico está preparado para sostenerlos.
Las señales que conviene mirar
Antes de que una instalación presente un problema, muchas veces aparecen algunas señales que funcionan como advertencia:
- Una térmica que salta con frecuencia, sin que haya un cortocircuito evidente.
- Luces que parpadean o pierden intensidad cuando se enciende otro artefacto.
- Tomacorrientes que se sienten calientes al tacto después de un uso normal.
- Un tablero eléctrico con conexiones agregadas de forma improvisada.
- La necesidad de recurrir a alargues o zapatillas de manera permanente para ganar bocas.
Ninguna de estas señales es, por sí sola, una emergencia. Pero ignoradas en conjunto, son el equivalente doméstico de una red que empieza a mostrar fatiga. Es decir, son síntomas que anticipan un problema mayor.
El error más común: sumar equipos sin revisar la instalación
Cuando incorporamos electrodomésticos como una estufa eléctrica, freidora o cualquier otro equipo de alto consumo, solemos pensar en el artefacto y no en la instalación que deberá alimentarlo. La falta de mantenimiento y revisión en la red eléctrica puede conllevar diferentes riesgos, como el daño de los nuevos dispositivos adquiridos, cortocircuitos u otros perjuicios para quienes los utilizamos.
Ante cualquier señal de fallas, lo recomendable es consultar a un electricista matriculado que pueda evaluar la instalación en su conjunto. No se trata de dejar de utilizar los equipos que necesitamos, sino de comprobar que la instalación esté preparada para el uso que hoy le damos.
Los grandes apagones concentran la atención porque son masivos y visibles. Pero también existe una realidad mucho más cotidiana alrededor de viviendas que fueron diseñadas para un determinado nivel de consumo y que hoy tienen que responder a una demanda muy diferente.
La electricidad forma parte de prácticamente todo lo que hacemos en casa. Por eso, así como revisamos una caldera, un aire acondicionado o las instalaciones de gas, la instalación eléctrica también debería formar parte del mantenimiento de una vivienda.
El autor es jefe de producto de Steck, empresa que se especializa en la fabricación y comercialización de materiales y equipamientos eléctricos.
Fuente: Fernando Zysman
Link Original: La Nación


