Un palacio, una fortuna y una marquesa: la historia desconocida detrás de la Nunciatura en Buenos Aires en la que se alojará León XIV
EL PALACIO ES UNA DE LAS POCAS CASAS DE BUENOS AIRES QUE SE MANTIENE COMO ERA A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX
8 de noviembre de 2026
05:15
Manuela Viñales
El frente de la Nunciatura Apostólica en Recoleta donde estará hospedado el Papa León XIV en su visita a la Argentina.
Hay un palacio en la Ciudad de Buenos Aires que fue visitado por dos Papas, por la Madre Teresa de Calcuta, por Eva y Juan Domingo Perón y por el presidente Marcelo Torcuato de Alvear. También fue sede de bailes, presentaciones a la sociedad, misas diarias e incluso se utilizó como residencia presidencial.
El Palacio Fernández Anchorena, actual sede de la Nunciatura Apostólica, ubicado en la avenida Alvear 1605, vuelve a cobrar su relevancia característica: alojará al Papa León XIV durante su visita a Buenos Aires.
Construida a principios del siglo XX, la propiedad estuvo vacía durante años, luego fue alquilada, vendida y hasta donada. Y, aunque su fachada es imponente, no desentona con las construcciones vecinas: está rodeada de mansiones de arquitectura francesa, petit hoteles y residencias palaciegas, lo que disimula su presencia y provoca que muchas personas que caminan por allí no se percaten de que existe.
El Papa León XIV se alojará en la sede de la Nunciatura Apostólica.
El emblemático edificio tiene una historia muy ligada a la religión, casi desde su comienzo. Se remonta a 1907, cuando Juan Antonio Fernández y Rosa Irene de Anchorena encargaron su construcción al arquitecto francés Édouard Le Monnier. Pero, el matrimonio nunca llegó a habitarlo. Durante 15 años, los únicos que vivieron en la casona fueron el personal doméstico que se ocupaba de la limpieza diaria de sus grandes habitaciones y salones. En 1922, el edificio cambió de habitantes: el presidente Marcelo Torcuato de Alvear alquiló la propiedad para instalarse junto a su mujer, Regina Pacini, y la convirtió en residencia presidencial, aunque solo vivieron allí durante un año.
La historia del palacio se remonta a 1907, cuando Juan Antonio Fernández y Rosa Irene de Anchorena encargaron su construcción al arquitecto francés Édouard Le Monnier.
El hall de entrada del palacio fue inspirado en la Ópera del palacio de Versalles. Y es ahí donde comienza la relación eclesiástica de la casona: la alquiló Adelia María Harilaos de Olmos, viuda del ex gobernador de Córdoba Ambrosio Olmos, y amiga del expresidente. “Conoció la casa el poco tiempo que Torcuato de Alvear vivió allí y se enamoró de ella”, relata a LA NACION Walter D’Aloia Criado, museólogo y autor del libro *El infierno y la gloria de Adelia María Harilaos de Olmos*, una investigación biográfica acerca de la segunda propietaria del palacio, y coautor de otro libro sobre la historia del edificio de la actual Nunciatura Apostólica.
El especialista aclara que, debido a su profunda religiosidad, la mujer transformó una de las habitaciones en un oratorio. Todas las mañanas, a las 7.00, se celebraba una misa a la que asistía el personal doméstico y las sobrinas que vivían en la casa.
Los grandes salones del palacio, hoy Nunciatura Apostólica solo se abren cuando hay grandes eventos y aún conservan el mobiliario de la marquesa pontificia Adelia Harilao de Olmos.
LA VIDA DE ADELIA: DE UN MATRIMONIO SIN CONSUMAR A SER LA MARQUESA PONTÍFICE
Pero la vida de Adelia empieza mucho antes de su mudanza a Recoleta. Es más, D’Aloia Criado describe su biografía como “ideal para una serie de Netflix”. Según el especialista, Adelia se casó “por dinero” con el ex gobernador de Córdoba Ambrosio Olmos, un hombre de gran riqueza quien murió cuatro años después de casarse.
Adelia María Harilaos de Olmos, viuda del ex gobernador de Córdoba Ambrosio Olmos. Viuda, Adelia comenzó a sufrir problemas psiquiátricos, al punto que, tras la muerte de su marido, su familia la declaró insana y la envió a una clínica psiquiátrica en Francia. “En 1913 regresó recuperada y asumió la administración de unas 300.000 hectáreas que heredó en Córdoba”, explica el museólogo. Es ahí, cuando comienza su época dorada, enfocada en lo social y lo religioso que tuvo como escenario principal el palacio Fernández Anchorena. La propiedad que la mujer alquilaba, que luego compró, empezó a ganar un protagonismo innegable en la socialité porteña. Su primer gran evento se llevó a cabo al día siguiente de su mudanza, que coincidió con la visita del Príncipe de Gales a Buenos Aires. Como la comitiva pasaba por la Avenida Alvear, Adelia invitó a las mujeres de los ministros al balcón para ver pasar al príncipe.
Años más tarde, en 1932, la ciudad fue designada como sede del Congreso Eucarístico Internacional. El Papa Pío XI envió como delegado al Cardenal Eugenio Pacelli -después elegido como Pío XII-. Y Adelia copresidió la Comisión de Damas.
La mujer había pensado alojar al cardenal en una mansión que tenía vacía. “Fue entonces cuando un hermano le dijo, ‘Pero Adelia, ¿cómo vas a alojar al cardenal en una casa que es tuya, pero vacía?’”, cuenta D’Aloia Criado y explica que decidió invitarlo a su casa principal e incluso le cedió su propia habitación al cardenal, que vino acompañado de su sobrina, una monja y de dos sacerdotes. Además, llegó al país una comitiva del Vaticano, que se quedó en la casa vacía de Adelia que quedaba en la esquina del palacio.
El Cardenal Eugenio Pacelli durante el Congreso Eucarístico Internacional.
Adelia María Harilaos de Olmos junto a las monjas. “Mandó a hacer una cama especial con un dosel con su escudo y sábanas y toallas bordadas, que él se llevó de recuerdo”, señala el museólogo y relata una leyenda urbana: decían que el cardenal, ante tanto lujo y tanta ostentación, había dormido en el suelo. Tampoco comía habitualmente en el comedor con Adelia, ya que llevaba una vida muy austera.
Pero, el rol de Adelia en el evento religioso no estuvo solamente relacionado al hospedaje. Según el especialista, financió gran parte del Congreso Eucarístico vendiendo una de sus estancias. Es más, la misa se celebró en el Monumento de los Españoles -al igual que la misa que celebrará León XIV- pero en vez de instalar un escenario, como hicieron ahora, cubrieron la estatua con una cruz de yeso, una obra también pagada por ella. “Tras el congreso, el Papa la nombró Marquesa Pontificia”, indica el museólogo y agrega que “alcanzó el punto cúlmine de su historia”.
La misa del Congreso Eucarístico se llevó a cabo en el Monumento de los Españoles, y la estatua fue cubierta por una estructura de yeso.
EL PALACIO DESPUÉS DE ADELIA
En 1949 Adelia murió. Pero, ni siquiera este hecho fue dejado al azar. Hizo un testamento en el que pidió ser enterrada en la Iglesia de las Esclavas; organizó su funeral; dejó una parte de la herencia que le quedaba a sus sobrinos; y cedió las hectáreas que sobraron a los salesianos, para que construyeran un colegio para los hijos de los obreros. Pero, lo más importante: donó su hogar para que fuera sede de la Nunciatura con la única condición de que no podía ser otra cosa. Salvo el jardín, que pidió que fuera vendido y ese dinero donado a misas, limosnas, monjas y colegios religiosos. Finalmente, fue adquirido por la Santa Sede.
Los jardines de la Nunciatura Apostólica fueron comprados por la Iglesia, mientras que el palacio fue donado por Adelia Harilaos de Olmos.
“El palacio está exacto y tiene el mobiliario, la vajilla, la platería, los cuadros y los libros de Adelia”, subraya el museólogo e indica que la Nunciatura es una de las pocas casas de Buenos Aires que se mantiene como era a principios del siglo XX. Su simbolismo religioso siguió ganando importancia, ya que Juan Pablo II se alojó allí en 1982 y 1987, y la Madre Teresa de Calcuta en 1979.
Los que pasan por el edificio de Alvear con frecuencia suelen ver las persianas bajas. La explicación de D’Aloia Criado es que esas ventanas son de los salones de recepción


