
La casa no es propia, los bienes sí: cuánto cuesta asegurar un departamento alquilado
Los hogares de inquilinos pasaron del 13,9% al 18,4% en los principales centros urbanos desde 2007. Soledad Navarro
La casa es alquilada, pero la heladera, el televisor, la computadora, los muebles y buena parte de lo que hay adentro no. A medida que más argentinos pasan una porción mayor de su vida como inquilinos, también cambia la relación entre vivienda y patrimonio.
En ese contexto aparece una pregunta que hasta hace algunos años estaba más asociada a los dueños: qué conviene asegurar. Hoy, una cobertura para una vivienda alquilada puede partir desde los $15.000 mensuales, mientras que algunos ejemplos para un tres ambientes superan los $50.000 por mes. El precio depende del inmueble, las sumas aseguradas y las protecciones contratadas.
El fenómeno alcanza a una porción creciente de la población. Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), procesada por ACIJ a través de su plataforma VivienDATA, el 18,4% de los hogares son inquilinos. En el primer trimestre de 2007 eran el 13,9%: la incidencia del alquiler creció así un 32,9% en términos relativos en casi dos décadas.
En los 31 aglomerados urbanos relevados, viven aproximadamente 30 millones de personas, de las cuales cerca de 5,5 millones están en hogares que no son propios. Este fenómeno es notable en las edades asociadas a la independencia, formación de una familia y consolidación laboral. Entre las personas de 30 a 45 años, el 25,6% alquila. En la Ciudad de Buenos Aires, la proporción alcanza el 48%: prácticamente una de cada dos personas de ese grupo vive en un hogar alquilado.
CABA es, además, uno de los distritos donde más avanzó el fenómeno: los hogares inquilinos pasaron del 22,9% en 2007 al 35% en 2026.
Cuando alquilar deja de ser algo transitorio
El crecimiento del alquiler no implica solamente un cambio en el régimen de tenencia. También transforma la manera de equipar, usar y mantener una vivienda. Quien permanece varios años como inquilino compra electrodomésticos, muebles y tecnología, trabaja desde su casa, puede formar una familia y se muda llevando consigo buena parte de ese patrimonio. La vivienda cambia, pero los bienes viajan con quien la habita.
Esa transformación empieza a tener consecuencias en otros mercados vinculados al hogar. Uno de ellos es el de los seguros. Según La Caja, los inquilinos representan actualmente el 24% de la cartera de seguros de Hogar, y su participación viene creciendo de manera sostenida, con mayor demanda entre personas de 25 a 45 años.
Desde Finaer también advierten un cambio en esa dirección. “Vemos una mayor conciencia por parte de los inquilinos respecto de la necesidad de proteger no solo la vivienda que alquilan, sino también sus bienes y su responsabilidad frente a terceros”, explica Anabella Tarrío Godoy, gerente general de la compañía.
Según señala, la cobertura del hogar empieza a ser entendida cada vez más como una herramienta de protección y no simplemente como un costo adicional.
Qué debería asegurar el inquilino y qué le corresponde al propietario
No ser propietario no significa no tener patrimonio dentro de la vivienda. Una persona que alquila puede acumular varios millones de pesos entre electrodomésticos, computadoras, televisores, muebles y otros objetos. Ante un robo, incendio u otro siniestro, esos bienes no pertenecen al dueño del departamento sino al inquilino.
Además, algunos contratos de alquiler exigen determinadas coberturas sobre la propiedad. Pero conviene distinguir responsabilidades. “El propietario debería proteger fundamentalmente la estructura y el inmueble, mientras que el inquilino tiene especial interés en asegurar sus bienes personales y contar con una cobertura de responsabilidad civil,” señala Tarrío Godoy.
Desde BBVA Seguros agregan que, si el inquilino contrata una cobertura de incendio del edificio y por daños a inmuebles linderos ocasionados por esa causa, esas coberturas deben estar endosadas a favor del propietario. Las pertenencias del inquilino —como muebles, electrodomésticos o vestimenta—, en cambio, pueden incorporarse a su propia póliza.
La responsabilidad civil cobra relevancia cuando un incidente dentro de una vivienda afecta a terceros. Una pérdida de agua, un incendio u otro accidente puede ocasionar daños en un departamento vecino y derivar en un reclamo. Por eso, es fundamental revisar qué exige el contrato de alquiler y qué seguros tiene ya el propietario.
¿Y cuáles son los problemas que aparecen con mayor frecuencia? Según BBVA Seguros, entre los siniestros más reportados están los robos y los daños en electrodomésticos. Los incendios y los reclamos por responsabilidad civil, en cambio, tienen una incidencia menor.
Cuánto cuesta asegurar una vivienda alquilada
No existe un precio único: depende de la vivienda, su ubicación, las sumas aseguradas y el alcance de las coberturas. Pero algunos ejemplos permiten tener una referencia. Según BBVA Seguros, una póliza para una vivienda de entre 35 y 60 m² puede costar aproximadamente entre $15.000 y $35.000 mensuales. Entre las coberturas más frecuentes aparecen incendio de edificio y contenido, robo, hurto y rotura de electrodomésticos.
Finaer aporta otra referencia, discriminada por cantidad de ambientes: según una simulación de la compañía, el premio mensual asciende a $25.150 para un monoambiente, $35.390 para un dos ambientes y $56.330 para un tres ambientes.
En ese ejemplo se contemplan coberturas por incendio del edificio y del contenido, cristales, responsabilidad civil, daños a inmuebles linderos, daños por agua e inundación y robo del contenido. Las sumas aseguradas varían según el tipo de vivienda.
Los valores son orientativos. El precio final depende, entre otros factores, de la ubicación, los bienes que se quieran proteger, las sumas aseguradas y el alcance de las coberturas elegidas.
El error de calcular cuánto costaron las cosas
Una cuestión clave es determinar cuánto asegurar. Para los bienes que están dentro de la casa, la referencia no debería ser cuánto se pagó originalmente por ellos, sino cuánto costaría reemplazarlos hoy. Una manera sencilla de aproximarse al número es hacer un inventario: heladera, lavarropas, televisores, computadoras, muebles, equipos de aire acondicionado y otros objetos relevantes. Después, hay que calcular cuánto costaría comprar actualmente productos equivalentes.
“Si se toma como referencia un valor antiguo y no se actualiza, puede producirse un subaseguro: ante un siniestro, la suma asegurada puede resultar insuficiente para reponer los bienes afectados,” advierte Tarrío Godoy.
Otro error frecuente es contratar el seguro únicamente para cumplir con una exigencia del contrato sin analizar qué riesgos cubre ni por qué montos. Por eso, las sumas aseguradas deberían revisarse periódicamente a medida que cambian los valores de reposición y se incorporan nuevos bienes al hogar.
La cobertura del inmueble funciona con otra lógica y maneja sumas considerablemente mayores. Como referencia, La Caja señala que para un departamento de 50 m² ubicado en CABA la suma asegurada sugerida para Incendio de Edificio parte de $144 millones.
Este monto no es lo que se paga por el seguro ni equivale necesariamente al precio de mercado de la propiedad: es la suma asegurada para ese riesgo. En el ejemplo de Finaer, la cobertura por incendio del edificio va de $70 millones para un monoambiente hasta $150 millones para un tres ambientes.
Qué pasa cuando el inquilino se muda
Un cambio de vivienda modifica variables consideradas al contratar un seguro: domicilio, superficie, características del inmueble y eventualmente las sumas aseguradas. Por eso, al mudarse, conviene revisar las condiciones de la póliza y consultar si es posible modificar el domicilio asegurado o si resulta necesario contratar una nueva cobertura.
También es un buen momento para actualizar el inventario: los bienes que una persona tenía al llegar a su primer departamento probablemente no sean los mismos que traslada algunos años después.
Una vivienda no necesita ser propia para ser un hogar
En menos de dos décadas, la incidencia de los hogares inquilinos aumentó casi 33% en los principales centros urbanos del país. Para una población que puede pasar muchos años viviendo en propiedades de terceros, el patrimonio ya no está necesariamente en los ladrillos: también está en aquello que compra, acumula y lleva de una vivienda a la siguiente.
Proteger esos bienes —además de cubrir una eventual responsabilidad frente a terceros— empieza así a formar parte de las decisiones asociadas a vivir en una casa que no es propia.
Fuente: Soledad Navarro
Link Original: https://www.clarin.com/propiedades/c


